Injurias proferidas por el trabajador al empleador (parte 2)

Art. 160. El contrato de trabajo termina sin derecho a indemnización alguna cuando el empleador le ponga término invocando una o más de las siguientes causales:

1.- Alguna de las conductas indebidas de carácter grave, debidamente comprobadas, que a continuación se señalan:

Injurias proferidas por el trabajador al empleador

Que la disposición contenida en el artículo 160 Nº 1 letra d) del Código del Trabajo, dispone: «El contrato de trabajo termina sin derecho a indemnización alguna cuando el empleador le ponga término invocando una o más de las siguientes causales: 1.- Alguna de las conductas indebidas de carácter grave, debidamente comprobadas, que a continuación se señalan: » d) Injurias proferidas por el trabajador al empleador», sin que en ella se defina la expresión injurias, de modo que para resolver la litis corresponde otorgarle su verdadero sentido y alcance.

Que, sin duda, la voz injurias debe entenderse en el contexto de la relación laboral que unía a las partes, considerando entre los contenidos de esta última el denominado «ético-jurídico», dentro del cual ha de incluirse el respeto mutuo conforme al cual debe desarrollarse un contrato de trabajo, cuya celebración conduce al intercambio del resultado del trabajo y la remuneración. Asimismo, corresponde considerar el clima de confianza que se genera entre los partícipes cuando la relación laboral ha perdurado en el tiempo, sin perjuicio que el mismo no puede dar pábulo a que alguna de las partes atente contra el crédito o la honra de la otra.

Que, en este orden de ideas, resulta que las expresiones proferidas por el trabajador al empleador, no pueden estimarse como una reacción natural producida durante una discusión, por cuanto se trata de una reunión a la que asisten el dependiente y su patrono para los efectos de dilucidar el dudoso destino del combustible proporcionado por la empresa, es decir, dentro de la relación laboral que los une, ni tampoco es dable considerar que se ha tratado de una simple discusión de palabra en la que se han utilizado términos groseros propios del lenguaje de tales casos, ya que, aún cuando los ánimos de los involucrados pudieran haberse exaltado, tal circunstancia no legitima los términos empleados por el demandante, desde que, como se dijo, impera en el contrato de trabajo su contenido ético, del que deriva, necesariamente, el respeto mutuo.